Por no haberse limpiado y dragado el arroyo Ñancay, hay 200 mil hectáreas con problemas de inundaciones
22/09/2012 |Las gestiones para la limpieza del arroyo comenzaron en 2007, luego de varias reuniones y promesas no se lograron avances. La construcción de endicamientos y terraplenes en campos agrava la situación al cortarle el escurrimiento natural al agua.
Los arroyos taponados por vegetación, alcantarillas de diámetros muy pequeñas para hacer frente a la gran masa de agua que baja desde la cuenca y por endicamientos realizados en campo sin ningún estudio hidráulico serio, vaticinan varios meses con campos anegados en la zona.
Las tratativas para la limpieza del Ñancay y el Arroyo Hondo comenzaron en 2007 cuando los productores de la cuenca del Arroyo Grande conformaron un consorcio para la limpieza de ese curso de agua, que si bien no beneficiaba en nada a los productores del Ñancay, pero si sentaba un precedente en cuanto a establecer vínculos de confianza entre los productores, las entidades gremiales que los representan y el Estado Provincial.
En aquella oportunidad se conformó un consorcio, se tramitó y se obtuvo la personería jurídica que permitiría obtener fondos para la limpieza del Arroyo Grande.
Se acordó que los privados correrían con los gastos del combustible, mientras la Dirección de Hidráulica de la Provincia pondría la dragalina, más un aporte económico de 160 mil pesos y hasta más para el pago de mano de obra y otros gastos que se produjeran por la limpieza del Arroyo Grande.
“Todo lo que teníamos que hacer desde el lado de los productores lo hicimos, tramitamos la personería jurídica, abrimos una cuenta en el banco, pero el dinero nunca llegó y este tipo de instituciones si no están activas se diluyen con el tiempo”, explicó Roberto Bunge, quien había sido elegido presidente del consorcio.
Una oportunidad brindada por
la naturaleza desperdiciada
Durante el 2008 y 2009 la zona sufrió una prolongada sequía, que derivó en incendios rurales de magnitud y casi todos los arroyos pluviales de la zona quedaron secos, lo que la naturaleza le brindó una excelente oportunidad a Hidráulica de la Provincia y a los mismos dueños de los campos para poder hacer la limpieza de los arroyos, con un costo sensiblemente inferior de lo que le saldría hoy, con los campos cubiertos de agua.
Esa falta de previsibilidad, la pagaron caro los dueños de los campos, que para fines de 2009, por exceso de precipitaciones tuvieron que comenzar a retirar los animales de la zona del Ñancay o vender su ganado.
La cuenca del Ñancay
La Cuenca del Arroyo Ñancay, se alimenta de todos los arroyos pluviales de los campos de Larroque, Las Mercedes, Carbó y Cuchilla Redonda, que desagotan en el Ñancay y este al río Uruguay, lo que su comportamiento hídrico es a menudo afectado por las sudestadas.
Esto lo sabe muy bien Ángel Gaona, un productor de Gualeguaychú que en 2001 compró un campo de 3 mil hectáreas “El Cerro” para la cría y recría de ganado, pero hoy el 70 por ciento de su extensión está bajo agua y Gaona, conocedor de la zona, estima que así estará por los próximos cuatro o cinco meses.
Todos los pobladores nativos del Ñancay saben que deben convivir con el agua. De vez en cuando el río reclama sus campos y para defenderse del avance periódico de las aguas, copiaron a sus ancestros. Los pobladores originarios construyeron cerros para crear sobre ellos asentamientos humanos y enterrar a sus muertos.
Esos mismos cerros pueden verse hoy en el paisaje y fue un lugar elegido por el pionero y arqueólogo aficionado Manuel Almeida, donde en ese sector encontró muchos vestigios de los pueblos originarios que aprendieron a convivir en armonía con la naturaleza.
Lamentablemente esto hoy no sucede. El campo brinda pocas oportunidades para las familias, sin caminos en condiciones, el agua es salobre y hay que hacer varios Km para poder conseguir agua potable, que a veces es suministrada por Vialidad de Islas. Todos estos problemas hicieron que las familias originarias de la zona hayan vendido los campos a productores de Buenos Aires o de otros lugares para refugiarse en las comodidades de los centros urbanos. Al llegar productores agropecuarios de otras zonas, endicaron los campos, a su vez la empresa Papel Prensa también hizo lo suyo con sus plantaciones y diques.
Esta intervención del hombre sin respetar en lo más mínimo los designios de la naturaleza, provocó que una amenaza revolotee como el carancho los cielos de ese paraíso. Esta amenaza está constituida por las modificaciones producidas en el medioambiente a partir de la construcción de represas, que modifican cursos de agua para su posterior aprovechamiento en emprendimientos productivos. La construcción de endicamientos e hicieron el drenaje de los pajonales con fines de forestación, lo que provocaron una modificación profunda del ecosistema.
“Desde que me case y viene a vivir aquí en 1970 siempre se habló de que se tenía que dragar el Ñancay y lo que vemos ahora es que la situación se agrava cada vez más y si viniera una sudestada quedaríamos totalmente aislados”, explicó a EL ARGENTINO María del Carmen Irigoytía quien vive con su marido en un campo del establecimiento “Los Cerritos” que da al camino a Arroyo Martínez, casi lindero con las instalaciones de Papel Prensa.
Gaona, en cambio al haber pasado su niñez en Ceibas, conoce desde pequeño el comportamiento de la naturaleza y al tomar posesión de su campo en 2001, se dedicó de lleno al saneamiento de los arroyos pluviales internos de su campo, y para esto compro una retroexcavadora. Construyó un canal aliviador que arrancó desde el Arroyo Hondo hasta el fondo de su campo antes de llegar al Arroyo Salado, pero de poco sirvieron esos esfuerzos.
“Si estuviera el arroyo Hondo sin malezas, el agua podría escurrirse desde mi campo hasta el arroyo de una manera más rápida, pero al tener tantos troncos y obstáculos ese arroyo hoy no cumple ninguna función”, dijo.
Durante periodos de sequia, el taponamiento del Arroyo Hondo, evita a su vez que durante una sudestada llegue agua al canal artificial para que los animales puedan beber.
“Aquí debe haber unas 200 mil hectáreas afectadas, partiendo desde Estancia La Calera, el Ñancay norte y Ñancay sur hasta el río Uruguay”, agregó Gaona para dimensionar la magnitud del desastre.
Carmelo Venencio es nacido en la zona de Ñancay y es un pequeño productor ganadero desde 1958.
“Siempre hemos tenido creciente, pero ahora es una barbaridad el agua que está bajando de la cuenca del Ñancay. Quedaron en limpiar el arroyo, pero ya hace cinco años y no pasa nada, ahora tenemos que estar nosotros destapando los arroyos a pulmón. El problema es que hay muchos terraplenes que frenan el escurrimiento del agua. En la creciente anterior tuve que vender todos los animales”, explicó.
Entre la mañana y la tarde del viernes, Venencio tuvo que evacuar 200 animales de su campo, algunos fueron enviados a campos altos de vecinos y otros a feedlot para luego ser capitalizados y vendidos.
El gradado
Gaona, estuvo desde el comienzo en las gestiones del dragado junto a otros vecinos, y cree que esa limpieza se tendría que haber hecho desde el Río Uruguay, hacia el Ñancay.
“Hay que limpiar el Arroyo Ñancay y el Hondo, unos 25 a 30 Km, más la apertura de un nuevo canal en el paso Batel para que el agua tenga llegada más directa al Río Uruguay. El problema es que el Ñancay mil metros antes de llegar al Río Uruguay, hace una curva desviándose hacia al sur, corriendo en paralelo al Uruguay por cinco Km hasta finalmente desembocar allí. Con la construcción de un canal de 500 metro lineales el desagüe podría ser más directo, y junto con la limpieza del arroyo el problema de las inundaciones mejoraría sustancialmente”, explicó.
Los campos se seguirían inundando tras fuertes y prolongadas precipitaciones, pero los productores saben que por lo menos el agua escurriría más rápido y los campos no estarían tanto tiempo inundados, y lugareños como Venencio no tendría necesidad de tener que evacuar los animales a zonas más altas por tiempo prolongados.
Nicolás Meonis vive de cuidar animales en campos arrendados de la zona, en 1992 se erradicó con su familia en una pequeña chacra sobre el camino que va al Arroyo Ñancay.
“La estamos pasando mal como toda la gente aquí. Estamos muy preocupados por los animales, los otros días tuve que salir de mi casa a las 3 de la mañana, mojado entero hasta que aclaró y recién pude sacar el ganado para entregárselos a los arrendatarios. A la gente de campo no se le valora el sacrificio que significa vivir en esta zona y trabajar aquí, estamos expuesto a cualquier cosa, desde ahogarnos hasta que nos caiga un rayo, no tenemos caminos en condiciones, carecemos de agua potable y desde el 2007 estamos esperando que se drague el Ñancay”.
Para Gaona la situación se agravó con la última lluvia de 117 mm de hace un mes, más todas las precipitaciones acumuladas de septiembre.
“Todas estas lluvias fueron las que provocaron las inundaciones, y por el taponamiento de los arroyos, el agua estará cubriendo los campos por cinco a seis meses, siempre y cuando no tengamos otro episodio de precipitaciones como el mes pasado. El problema más grave sería que esta inundación se junte con las sudestadas que todos los años se dan en los meses de marzo a abril, porque la cobertura del agua alcanzaría a cubrir el 90 por ciento de los campos y toda explotación ganadera sería imposible por largo tiempo”, agregó.
“La Dirección de Hidráulica no nos escucha, aquí tenemos una dragalina, que estuvo casi un año parada, luego la llevaron a Paraná la repararon, volvió al lugar pero siguen sin verse avances. En un año solo se limpiaron mil metros del arroyo Hondo, pero lo hicieron de una forma precaria sin una dirección técnica permanente y luego la limpieza se interrumpió, en todo ese tiempo el director de Hidráulica de la provincia (Sergio Fontana) no apareció nunca. Estamos totalmente desamparados”, concretó.
Gaona comenzará a sacar sus animales la semana que viene para llevarlo a campos más altos, algo que pronto tendrán que hacer la mayoría de los productores. Mientras tanto los cerros donde alguna vez vivieron nuestros aborígenes, permanecen intactos a través de los siglos como un mensaje de nuestros antepasados para nuestro presente y el futuro: “Cuando el hombre pierde la armonía con la naturaleza, las consecuencias son impredecibles”.
Por Diego Elgart
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- Pueblo General Belgrano: El Municipio otorgó en lo que va de 2012 más de 350 mil pesos en aportes a instituciones
- Durante 2012, el municipio de Pueblo General Belgrano realizó diversos aportes económicos a instituciones intermedias de la localidad. Para lo que resta del año se ha dejado presupuestada una suma cercana a los trescientos mil pesos, con destino a nuevas ayudas y aportes a las instituciones de esa localidad.
