Blues de la recesión
29/10/2018 |
Por Andrew Graham-Yooll
(Colaboración)
El pequeño mendigo pidió una moneda. Ante la negativa pidió un pan y ante el rechazo, dijo “¿Le cuido la bicicleta? Por cinco pesos.” Fue en Resistencia, Chaco. El niño puede no tener pan hoy pero tiene que tener futuro por su clara visión económica. Fantaseo con la idea de que se le debe dar un futuro a niños como ese. ¿Quién se lo dará? ¿Algún gobierno? Es dudoso. Ningún gobierno puede decir, fuera de la cacofonía de discursos sin sentido, después de cada recesión que realmente habrá un cambio en la situación humana de cientos de niños. Si no hay esfuerzo claro el fracaso se lo dejaremos al niño mendigo y a cientos más a quienes no se le enseña lo suficiente como para crecer, desarrollar una mente hábil, y ser individuo útil a si mismo y a su familia, y quizás a la sociedad también, y no un blanco móvil en combates entre mafias de las drogas o de cualquier otro engendro o apriete. En semejante caos a quién le interesa recordar que fue la cantidad de papeles argentinos inútiles, bonos de provincias y del estado nacional, sin respaldo de oro, que llevó al anuncio del colapso de la banca Baring en Londres, el 20 de noviembre de 1890. Que se embromen los ingleses por quitarnos las Malvinas, pero no se detuvo entonces ni ahora la continuidad del caos.
Son datos nomás, aportados en un almuerzo en Buenos Aires ofrecido por un empresario que insistió en reiteradas instancias que el negocio de la funeraria es el único con futuro en la Argentina. Un comensal, recién llegado de la más reciente marcha por, “¡Paritarias ya!” dijo, “Ojalá que entierren a todos los políticos.” No, lo corrigió el funebrero. “Los políticos nos mandan el mayor número de clientes”.
¿Quién será nuestro Dante que pueda escribir la historia de este Infierno, en el que hemos convertido a nuestro país? Y es “hemos”. Es deshonesta la pregunta reiterada ¿qué nos pasó? En vez de, ¿qué hicimos? Qué le diremos a nuestros herederos cuando pregunten, “¿Qué hiciste en la recesión, papá?” Probablemente nos declararemos ignorantes, inconscientes e indiferentes y relataremos historias de sufrimiento ajeno por el que no hicimos nada. Negaremos a los muertos, a la Copa del ’78, a los desaparecidos, a los veteranos de Malvinas, a Galtieri, a la deuda externa, al corralito, a la convertibilidad con la que nos convertimos en pobres, al rápido aumento en el comercio de drogas. No queremos ser responsables de nada de eso. Será un tremendo dolor para cada uno algún día tener que reconocer que ese cada uno fue partícipe necesario en la tragedia argentina. Primo Levi (1919-1987) horrorizó a sus admiradores hacia el fin de su vida, poco antes de tirarse por el ojo de la escalera de su casa, cuando escribió en “Los ahogados y los salvados”, que todos los hombres, perpetradores y víctimas, pertenecen a la zona gris entre el bien y el mal. A Primo Levi no lo mató Auschwitz, pero murió de sinceridad moral.
Las dos o tres docenas o más de encuestadoras, aparte de las radios, que operan en el país nos informan de la importancia de los políticos en términos de su posibilidad de victoria electoral. Nadie sabe ni contesta qué van a hacer nuestros políticos a quienes ya vimos fracasar. ¿Qué no podemos hacer nosotros, ya, para darle a ese niño mendigo una vida? Los políticos no le dieron nada.
Andrew Graham-Yooll (Buenos Aires, 1944) fue director del Buenos Aires Herald (1994-2007), defensor de lectores en Perfil (2007-2012), colaborador en La Nación y Página 12. Vive en Larroque.
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